Sobrepensar no es ego: es defensa
No quiero ser el centro de atención. Quiero estar preparado. El problema es que vivir preparado todo el tiempo también cansa.
Sobrepensar pasa factura. No es narcisismo, ni ego, ni ganas de sentirme importante. En mi caso, nunca me ha interesado ser el popular ni que me exalten.

Lo mío es otra cosa: la necesidad de calcularlo todo. El daño o el beneficio. La tristeza o la felicidad. El golpe antes de que ocurra. No porque me crea el centro, sino porque la incertidumbre pesa como si fuera una deuda.
A veces basta una mirada.
Si alguien me mira, mi mente se va directo a lo mismo: ¿qué pensó?, ¿fue casualidad?, ¿hay algo que no vi? Y entonces aparece esa urgencia silenciosa: necesito saber que esa persona está bien conmigo, aunque yo no signifique nada en su vida. No por vanidad. Por alivio. Porque mi cerebro confunde “no saber” con “peligro”.
Con el tiempo entendí algo que me aterriza: no todo es forzado, ni todo es destino. Hay decisiones, hay entornos, hay relaciones que te empujan a lugares concretos… y eso tiene consecuencias. Lo que hacemos pesa. Lo que evitamos también.
Por eso mi necesidad de control no es ego: es defensa. Una forma de buscar paz conmigo mismo. De sentir que, por mi culpa, no se está desatando algo malo. Como si pudiera ponerle candado a la realidad con puro pensamiento.
Pero aquí viene el costo:
Ese mismo mecanismo que me protege, a veces me drena. Me deja cansado sin haber caminado. Tenso sin haber peleado. Agotado de sostener un futuro que todavía no existe.
Y lo más incómodo es esto: cuando por fin “todo sale bien”, el cerebro no descansa… solo aprende el peor truco.
“¿Ves? Si no hubieras pensado tanto, algo malo habría pasado.”
Ahí es donde el sobrepensar se vuelve cárcel: te salva del miedo por un rato, pero te cobra la vida en cuotas.
Hoy intento algo más humano: no controlar el mundo, sino regular mi alarma. Recordarme que pensar no siempre es resolver. Que anticipar no siempre es proteger. Y que a veces, la paz no llega cuando entiendes todo… sino cuando aceptas que no vas a poder entenderlo todo.
Porque sí: el control me cuida.
Pero también me cansa.
Comentarios
Comparte tus pensamientos
Cargando comentarios...