La página en blanco no es tu problema
Querés escribir. Abrís el documento. Mirás la pantalla. No sale nada. Y concluís que no tenés ideas. Pero tenés ideas. El problema es otro.
Querés escribir. Abrís el documento. Lo mirás.
Nada.
Cerrás la pestaña, abrís redes sociales, decís “luego”, y ese luego ya cumple tres meses.
Y la conclusión que sacás es siempre la misma: “no tengo ideas”.
Mentira. Tenés ideas. De hecho, si alguien te pregunta en voz alta de qué podrías escribir, probablemente tenés cuatro respuestas en diez segundos. El problema no es la falta de ideas.
El problema es lo que esperás producir.

Lo que realmente pasa cuando “no te sale nada”
Cuando alguien tiene bloqueo creativo, no es que el cerebro esté vacío.
Es que el cerebro ya sabe cómo va a juzgar lo que salga.
Hay una voz ahí adentro —algunos le llaman el crítico interno— que revisa cada frase antes de que llegue al teclado. Y si esa voz tiene estándares muy altos, simplemente no deja pasar nada. Prefiere el silencio a la mediocridad.
El resultado: pantalla en blanco. No por falta de material. Por exceso de filtro.
El error que no ves
Muchos escritores novatos creen que el objetivo de sentarse a escribir es producir algo bueno.
No lo es.
El objetivo de sentarse a escribir es escribir. Lo bueno viene después, en la revisión. Pero primero tiene que existir algo que revisar.
Cuando confundís el proceso de escritura con el producto final, estás poniendo el estándar de publicación en el primer borrador. Y eso es como exigirte que el barro ya sea una vasija antes de tocarlo.
No funciona así.
Cómo bajar el volumen del crítico
Hay una técnica que suena ridícula pero funciona: bajar tanto las expectativas que el crítico se aburra.
Algunas formas de hacerlo:
- Decite: “Esto no lo va a leer nadie”. Literalmente. Escribí para vos, sin audiencia imaginaria.
- Poné un cronómetro de 10 minutos y prometete que todo lo que escribas en ese tiempo va a la basura. Cuando no hay presión de resultado, el flujo de escritura aparece solo.
- Escribí en papel si la pantalla te paraliza. Cambiar el formato cambia la sensación.
- Empezá por la mitad. No por el inicio —que es lo que más presión genera—, sino por cualquier parte que ya tengás clara.
Nada de esto garantiza un buen texto. Garantiza que existe un texto. Y eso ya es infinitamente mejor que la pantalla en blanco.
Lo que sí funciona a largo plazo
El bloqueo no se resuelve de una vez. Se entrena.
Cada vez que te sentás y escribís algo —aunque sea basura, aunque borrés todo, aunque no lo publiques— le estás enseñando a tu cerebro que el acto de escribir es seguro. Que no te va a matar la vergüenza. Que podés sobrevivir un texto malo.
Y poco a poco, el crítico baja la guardia.
La consistencia no necesita inspiración. Necesita que te sentés de todos modos. Sobre eso hablo también en el post sobre el sistema que uso para no procrastinar, aunque ahí el enemigo es la pereza, no el miedo. Son primos, pero se tratan distinto.
Una última cosa
Si querés escribir y no podés empezar, no es falta de talento.
Es que le tenés demasiado respeto a lo que no existe todavía.
Quitale el respeto. Escribí algo feo. Después lo arreglás.
¿Cuánto tiempo llevas queriendo escribir sobre algo sin haber podido empezar? ¿Qué es lo que te frena cuando lo intentás?
Los escritos en este blog reflejan mis experiencias personales y opiniones. No están basados en la vida de nadie en particular. Si encuentras similitudes con tu propia experiencia, es coincidencia — todos compartimos más de lo que creemos.
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