La mejor estrategia de marketing que vi en la calle no tenía logo
No fue un curso. No fue un embudo. No fue un “lanzamiento”.
Fue una señora, una mesa de madera, unos recipientes y una hielera.
Todos los días, tarde, en el viaje del trabajo a casa, la veía en el mismo punto. Vendía ceviche: camarón, cangrejo, conchas, mixtos. Y cerveza. Sin show, sin promesas, sin postureo. Solo producto, constancia y cara.
La primera semana pasó algo simple: empezó a llegar gente.
A la siguiente, ya eran dos mesas y más recipientes.
Al mes, su esposo ya estaba con ella ayudándole. Sumaron otra mesa, unas sillas, más movimiento.
A los dos meses ya estaban cubriendo con campers/canopys porque el sol y la lluvia no perdonan, y porque ya no cabían. Tres mesas, más orden, más ritmo.
Hoy, ocho meses después, están en un local de dos niveles, como veinte mesas, y llenos total viernes, sábado y domingo.
Y yo lo vi crecer en tiempo real.

Esto es marketing, aunque no tenga nombre elegante
El “boca a boca” no es magia. Es consecuencia.
La gente no recomendó porque les cayó bien. Recomendó porque algo se cumplió:
- el sabor
- la porción
- la higiene
- el trato
- la consistencia (siempre estaba)
- la mejora visible (cada semana algo estaba mejor)
Eso construye una idea en la cabeza del cliente:
“Aquí no me van a fallar.”
Y eso, en la calle o en internet, vale oro.
La lección para freelancers y emprendedores
El error típico es querer verse “grande” antes de ser confiable.
Queremos el branding perfecto, el feed perfecto, el sitio perfecto, la presentación perfecta… pero sin el punto más importante: una prueba real de entrega.
A la gente le da seguridad verte empezar pequeño, pero serio. Porque ahí es donde se nota si hay sustancia o puro discurso.
La gente quiere verte “bajarte” a su nivel de presupuesto no para regatearte, sino para comprobar esto:
- ¿sí haces lo que dices?
- ¿cómo lo haces?
- ¿qué tan estable eres?
- ¿respondes?
- ¿cumples?
- ¿mejoras?
Si les gusta, no hace falta manipulación: ellos mismos piden el siguiente nivel.
La escalera real (sin humo)
Lo que esa señora hizo —sin decirlo— fue esto:
- Empezar con lo que tenía, sin excusas.
- Resolver un antojo claro (no “vender comida”; vender ceviche rico ahí, a esa hora).
- Hacerlo repetible (misma esquina, misma rutina, misma calidad).
- Crecer por demanda, no por ego.
- Reinvertir en lo que el cliente ya estaba validando (más mesas, más apoyo, más comodidad).
- Moverse a local cuando ya era inevitable, no cuando era “bonito”.
Eso es una estrategia completa: producto, distribución, experiencia, retención y expansión. Solo que en versión humana.
Lo que yo me llevo como marketer
Muchos negocios no necesitan “más anuncios” primero. Necesitan más evidencia.
Porque el anuncio sin evidencia es ruido.
Pero la evidencia —aunque sea pequeña— es gasolina.
Primero demostrás que cumplís.
Después acelerás.
La gente no compra tu “nivel”.
Compra la confianza de verte empezar, verte cumplir y verte mejorar.
Pregunta final
Si hoy tu negocio tuviera que crecer sin hablar —solo por lo que la gente cuenta de vos—
¿qué historia estaría contando tu cliente?
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