El algoritmo sí funciona. El problema es lo que le estás dando
El algoritmo no bajó tu alcance por gusto. Lo hizo porque la gente no paró en tu contenido. Esa es la verdad incómoda.
Cada vez que un negocio no llega a nadie en redes, la explicación favorita es la misma:
“Es el algoritmo.”
Y entiendo por qué. Es más cómodo culpar a una caja negra invisible que preguntarse si el contenido realmente merecía atención.
Pero llevo tiempo mirando esto, y hay algo que no falla: el algoritmo amplifica lo que ya funciona. No lo inventa.

¿Qué mide el algoritmo realmente?
Todas las plataformas —Instagram, TikTok, YouTube, LinkedIn— miden básicamente lo mismo: ¿se quedó la gente?
- ¿Vieron el video completo?
- ¿Guardaron el post?
- ¿Pasaron más de tres segundos en el carrusel?
- ¿Lo mandaron a alguien?
A eso se le llama engagement rate. Y si el tuyo es bajo de forma consistente, el algoritmo simplemente deja de mostrarte.
No es personal. Es lógica de distribución.
El error que comete casi todo el mundo
Publicar sin preguntarse: ¿por qué alguien pararía aquí?
Cuando un post no tiene una razón clara para detener el scroll —porque resuelve algo, porque entretiene, porque dice algo que nadie más dice— el algoritmo lo trata como ruido.
Y tiene razón.
Lo que funciona es contenido que parte de algo real: una duda que tiene tu audiencia, un error que cometiste vos, una observación honesta. No hace falta ser viral. Hace falta ser relevante para alguien específico.
El alcance orgánico no murió
Solo cambió de dónde viene.
Antes, una página podía publicar cualquier cosa y llegar a miles. Hoy, el alcance lo genera la respuesta de la gente en los primeros minutos, no el horario ni el hashtag perfecto.
Dicho de otra forma: ya no basta con publicar. Hay que publicar algo que mueva algo en quien lo ve.
Una forma simple de evaluarlo antes de subir
Antes de publicar algo, me hago tres preguntas:
- ¿Alguien lo buscaría? — Tiene demanda real.
- ¿Alguien lo guardaría o lo mandaría? — Tiene valor percibido.
- ¿Lo diría en una conversación normal? — Suena humano, no de manual.
Si ninguna respuesta es “sí”, lo reescribo o lo descarto.
No es una fórmula mágica. Es un filtro honesto.
El contenido que sí resiste el tiempo
Hay un tipo de contenido que no depende del ciclo de noticias ni de las tendencias del momento: el contenido evergreen.
Un post que responde una duda real, una guía paso a paso, una opinión bien argumentada. Ese tipo de contenido sigue circulando mucho después de que lo publicaste.
Vale más que diez posts de tendencia que caducan en 48 horas.
Lo que el algoritmo no puede hacer por vos
Si tu producto no cumple lo que promete, ningún algoritmo te va a salvar a largo plazo.
Lo vi en una señora que vendía ceviche en la calle y terminó con local propio en ocho meses: primero construyó evidencia, después creció. El algoritmo solo aceleró lo que ya estaba funcionando.
El orden importa.
El algoritmo no te odia. Solo no tiene razón para mostrarte todavía.
Dásela.
Los escritos en este blog reflejan mis experiencias personales y opiniones. No están basados en la vida de nadie en particular. Si encuentras similitudes con tu propia experiencia, es coincidencia — todos compartimos más de lo que creemos.
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